
"Permanecieron tomados de la mano no más de diez segundos, pero a ambos les parecieron siglos. A Winston le sobró tiempo para reconocer todos los detalles de la mano de la muchacha. Exploró los largos dedos, las uñas bien delineadas, la palma callosa y endurecida por los trabajos manuales, la piel suave de la muñeca. Con sólo sentirla hubiera reconocido esa mano a simple vista. En eso pensó que no se había fijado de qué color eran los ojos de la muchacha. Probablemente eran cafés, pero había personas de cabellos negros con ojos azules. Volver la cabeza para verla habría sido una enorme tontería. Tomados de la mano, invisibles entre los cuerpos apretujados, veían fijamente al frente, y en lugar de los ojos de la muchacha, Winston vio los ojos del anciano del camión, que lo miraban con añoranza sobre su enmarañada barba."
- 1984, George Orwell (fragmento)